

Resurrección
Director: Bi Gan.
«POSIBLEMENTE ESTEMOS ANTE LA OBRA MAESTRA DEL DIRECTOR Y SU PELÍCULA MÁS PERSONAL. UNA TESIS SOBRE EL DELIRIO».
¿Qué es el arte? En lo que a mí respecta, es una manera de expresar sentimientos, frustraciones, deseos o cualquier sentimiento. El cine te da la facultad de hacerlo lo más visible que se pueda, ya que conjunta la mayoría de las bellas artes. Otorgar al público tu mirada sobre una situación, la perspectiva de lo acontecido o simple y llanamente un pensamiento sobre algo.
Podríamos decir muchas cosas sobre el director Bi Gan en su corta trayectoria, pues este es su tercer largometraje y pareciera que el hombre tiene una basta y envidiable trayectoria.
Desde su cinta anterior: ‘Largo viaje hacia la noche’, nos regala uno de los planos secuencia más bellos que he visto en el cine, dónde refleja bien la estructura del sueño. En esta nueva cinta, retoma un poco la temática pero a la décima potencia.
El inicio de la cinta, visualmente hablando, es alucinante y si les digo que es el mejor he visto, no estoy exagerando y es para ponerse de pie y aplaudir. Es bello y onírico. Todo gracias a sus trucos de cámara, efectos prácticos de óptica y, aunque no lo crean, se notan uno que otro detalle de stop motion, si señoras y señoras, así como lo lee. Esta gran secuencia nos traslada y pasea por una representación de los sueños y recuerdos, donde entre más fantástico se vea, más bello es.
Cuándo dejamos de lado este gran logro que es el inicio, nos vamos un calidoscopio de historias súper metafóricas, que necesitan toda tu atención posible para poder ser apreciadas. El director también regala bellas secuencias utilizando la psicología del color, en casa una de las escenas predomina un color que es convertido en un personaje.
La alegoría del guion tiene muchas vertientes, por un lado nos habla sobre la muerte, de la mano con ello, de la agonía, el deseo, el delirio y una representación, personal, de la vida post mortem. El detalle está, en que se atreve a homenajear al séptimo arte con un trasfondo metacine, como una carta de amor intangible, más invisible. Y ese epílogo es la cúspide de una gran película, que es tan bello como su prólogo.
Podemos hablar maravillas del guion, pero en medio de la línea dramática, se regodea tanto en su complejidad que se desvía un tanto del camino, lo que la vuelve difícil de ver y digerir. La cinta es muy pesada, tanto en duración como en diálogos, realmente necesitas verla descansado y adentrarte, de lo contrario, no le encontrarás sentido alguno.
Al final es una cinta que puede que solo aprecien los fans del director y la gente que sigue su cine, porque para el público general, le parecerá muy aburrida un somnífero inminente.
⭐⭐⭐⭐




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